¿Estás dónde quieres estar?

¿Qué me responderías?

O mejor dicho, ¿Qué te responderías?

 

La pereza y mayormente, los miedos a menudo nos dejan anclados recorriendo caminos que no sentimos nuestros, que no nos corresponden y hasta en ocasiones, que ni si quiera reconocemos, pero que por comodidad, por “culpa del destino” o por no creer en todas nuestras posibilidades, de alguna manera terminando haciéndolos nuestros, como si de un mientras tanto se tratará.

 

Porque claro, ya que estamos aquí… bueno si tampoco está tan mal… en fin es que… moverse parece que cuesta demasiado.

 

Pero tengo algo que decirte, y es que sólo lo parece porque, siempre, siempre es un buen momento para empezar algo nuevo, o por lo menos, para cuestionarse las cosas, para permitirse sentir, para preguntarse más a uno mismo y menos a los demás, para elegir y no siempre dejarse llevar por lo que vendrá, sin tener ningún tipo de control sobre los próximos pasos, porque el camino, amigo mío, queramos o no, estará lleno de obstáculos y sólo si sientes que vas hacia dónde quieres y que realmente merece la pena luchar para seguir recorriendo ese camino, podrás dar lo mejor de ti. Lo imaginable. Pero para ello a veces, tenemos que pararnos y observarnos y observar lo que nos rodea. Cuestionarnos. Ser amables y honestos con nosotros mismos. Y después, incluso retarnos.

 

Porque al fin y al cabo, camino sólo hay uno, el que tú decidas recorrer. El que tú decidas vivir, disfrutar, sufrir, amar, odiar…

Y del que sólo tú,

Eres dueño.

 

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