A menudo,  personas que quieren iniciarse en la práctica de algún deporte se encuentran con la dificultad que supone conseguir una regularidad o hábito deportivo. Y es que los comienzos, por regla general, son la parte más “empinadita” del camino hacia el éxito (tu propio éxito) porque una vez comienzas a andar, habrá piedras, por supuesto que las habrá, pero cada vez tendrás más destreza para saltarlas, rodearlas o quizás, hasta apartarlas de tu camino para poder continuar.

Así pues, todo es cuestión de empezar y plantearse algunas pequeñas pero importantes cosas.

 

Una pregunta muy común es

“¿Cómo puedo empezar a hacer deporte y hacer de esto un hábito?”

 

A lo que seguramente yo te respondería

“Y más allá del hecho de practicar deporte, ¿Qué es exactamente lo que quieres conseguir?”

 

Y esto puede incluir un sinfín de interrogantes como pudieran ser (¿Para qué? ¿Con qué frecuencia? ¿Qué tipo de deporte? ¿Con qué finalidad? ¿Qué te motiva a conseguir esto que me comentas?) que quizás te lleven a un silencio de desorientación o quizás a una avalancha de respuestas.

Y cualquiera de las dos situaciones serían fantásticas porque entonces ahora sí, es el momento de comenzar a responderte y ordenar lo que necesites para crear TU PROPIO camino hacia el HÁBITO que quieres construir.

 

Si tuviera que resumir el HÁBITO en una fórmula matemática, sería algo así que:

Hábito = Necesidad + Constancia x Motivación – Excusas = Beneficio

 

Y lo más importante, no es cuestión de poner tu vida patas arriba. No te agobies con el hecho de tener que cambiar tu vida. Simplemente modifica o incorpora pequeñas nuevas acciones en tu vida y entonces, tu vida cambiará.

 

Si ya has reunido las ganas, motivación y fuerza necesaria para tu puesta marcha ya solo necesitas estas PAUTAS simples y concretas que te ayudarán a establecer un nuevo hábito deportivo en tu vida:

  •  Define tu objetivo hasta que lo sientas concreto, realista y alcanzable para ti. De nada servirá plantearte un “súpermegareto” si a los 2 días no puedes continuar con él.

 

  • Desmenuza tu objetivo en pequeñas acciones y logros. Haz que conseguir lo que deseas sea más fácil y sencillo. No te puedes comer la tarta de un solo bocado, pero trozo a trozo sí.

 

  • Poco a poco. De menos a más. Cada paso que vayas dando, cada pequeña acción que vayas consolidando en tu rutina te hará ir incrementando la posibilidad de acercarte al hábito.

 

  • Adiós excusas. Detéctalas, incluso escríbelas, y cuando te asalten diles “Hasta luego, ahora mando yo”.

 

  • Enfócate en lo que sí quieres conseguir y no en lo que dejas atrás. Donde pongas tu atención irá  tu energía. Confía en ti y en tu capacidad de superación.

 

  • Márcate pautas de repetición. Esto te ayudará a interiorizar esta conducta hasta que de alguna manera sea un pensamiento automático para ti. Quizás algo que te recuerde tu nuevo objetivo, un desencadenante que te lleve a la acción. Y ya sabes, la repetición es la “madre” de la excelencia.

 

  • Cuenta con tu círculo cercano. Comparte tu nuevo propósito y haz saber a tu alrededor lo importantes que es conseguir esto para ti. Y sobre todo, ¡déjate ayudar! que no por ello tenemos menos mérito.

 

  • No te fustigues si alguna vez no lo consigues (que te veo venir). Reflexiona sobre qué ha pasado y pregúntate que podrías haber hecho distinto. Aprender de ello es lo realmente valioso.

 

  • Celebra y felicítate  al conseguir cada paso propuesto, por pequeño que te parezca, para tu mente será tan poderoso como un gran cambio y esto te ayudará a seguir hacia adelante. Eso sí, cuidado con que tu premio no esté relacionado con el hábito que   quieres dejar atrás.

 

Y recuerda que nadie comenzó nada siendo experto en nada ni batiendo records, y todos, absolutamente todos los comienzos nacen de la misma manera, desde 0.

Y ahora sólo me queda que darte la Enhorabuena y mandarte un buen puñado de buena energía para disfrutar de esta oportunidad maravillosa y realmente inspiradora para hacer crecer una parte de ti.

Go on! 😉

 

El temido muro de la maratón y 8 claves para superarlo

 

Es el gran día,

Tú, 42.195 metros y un supuesto muro, preparados para correr.

Si eres uno de esos valientes que ha encarado alguna vez una maratón o una carrera de larga distancia seguramente sepas de lo que hablo, e incluso puede que hayas tenido el placer de conocer “el pequeño gran muro”. Continuar leyendo ¿El muro? ¿Qué muro?